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La nueva ola de enfermedades la traerá la tecnología. Son estas

6 min

En pleno boom tecnológico, hemos visto cómo redes sociales, gadgets y similares han acabado transformado nuestro día, apareciendo nuevas enfermedades.


"Detrás de muchas consultas de psiquiatría se encuentra ya la tecnología, sobre todo consultas relacionadas con una supuesta adicción a internet o a videojuegos", comenta Carlos Harkous, psiquiatra del Hospital Universitario HM Puerta del Sur (Móstoles, Madrid).

De hecho, hay un concepto relacionado que se denomina ‘Hikikomori', término japonés que significa encerrarse en uno mismo, y que se da entre adolescentes y jóvenes que a menudo se refugian en la tecnología y se aíslan del mundo de forma radical. Pero es algo que ya también afecta a los adultos. Eso sí, debemos saber qué ocurre para ponerle solución, que se puede.

Vayamos a los datos: los usuarios españoles utilizan las redes sociales un total de 58 minutos al día. En concreto las chicas y los más jóvenes (16 a 30 años) son quienes más tiempo pasan en ellas, de 1:02 y 1:10 horas respectivamente).

WhatsApp es la que más se usa, seguida por Spotify y YouTube. También es mayoritario el empleo de Facebook e Instagram. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) empieza a considerarlo como un problema de salud pública.

Las dolencias físicas de estar frente a una pantalla

jugar juego internet

Demasiadas horas frente al PC pueden convertirse en un problema si no sabemos identificar qué nos pasa. El primer problema que cabe señalar es el “síndrome del túnel carpiano”, provocado por realizar tareas repetitivas con el teclado, como cuando jugamos con un videojuego de manera repetitiva. También están los habituales dolores de espalda y cuello derivados de una postura incorrecta frente al ordenador.

Igualmente, pasar muchas horas delante de una pantalla que emite luz puede con cualquier retina y afecta a nuestra visión: vista cansada, picor de ojos, dolores de cabeza y la imposibilidad momentánea de distinguir los colores.

Eso sin contar con los virus. Un estudio publicado por el hospital norteamericano Northwestern Memorial afirma que nuestro teclado de trabajo es un foco de bacterias. Un estudio similar llevado a cabo en el Reino Unido incide en que un teclado sucio de una oficina puede tener el doble de bacterias que una letrina en un bar de carretera. Sin palabras.

Si hablamos del WiFi, aún hoy no hay nadie que haya afirmado sin ningún género de dudas que sea inocuo para la salud, porque no se sabe a ciencia cierta. Todavía hoy son necesarios estudios serios que confirmen o desmientan si nuestro organismo sufrirá consecuencias sobre todo a largo plazo.

De todos modos, los aspectos físicos son importantes pero no son exclusivos. Una encuesta realizada por ASISA afirma que la población española no sólo tiene la “manía” de mirar el móvil antes de irse a dormir, sino que el 7% ya interrumpe su sueño nocturno porque "necesitan mirar el móvil en medio de la noche".

La dependencia a nuestro smartphone y a internet nos ha vuelto, casi sin saberlo, en tecnópatas, que hace que suframos, muchas veces sin ser conscientes, tecnopatológicas, en mayor o menor medida.

Tecnoadictos: cómo nos afecta en el día a día

dormir smartphone

Empieza como una afición y después de un tiempo empieza a ocupar una parte central de la vida de las personas, para finalmente convertirse en toda una patología de manual. Quizá, y solo quizá, nos estamos tomando esto de la tecnología demasiado a pecho. Utilizado por muchos para escapar del mundo real y mejorar el estado de ánimo.

Lo cierto es que aún no hay un criterio unificado sobre si existe la adicción o no a internet. Quienes defienden esta postura aseguran que es uno de los trastornos adictivos más recientes. Para otros, sin embargo, estamos simplemente ante un “uso descontrolado o problemático sin más repercusión que los inconvenientes que puede tener una conducta excesiva”, explica Nacho Alcañiz, psicólogo.

En cualquier caso, lo que está claro para Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, “algunas personas vulnerables (menores, personas solitarias, inestables emocionalmente) pueden quedar atrapadas en la Red, generar una falsa identidad -un yo a la medida de los deseos de uno mismo- y sustituir el mundo exterior por una realidad virtual”.

Precisamente es la adicción a él la que hace que muchos especialistas lo hayan asimilado a las drogas. Por ello, comenta el especialista, “la compulsión que induce al uso abusivo de Internet, con un abandono de las aficiones, de las relaciones presenciales y de las obligaciones laborales/académicas, se relaciona con un flujo de transrealidad que recuerda la experiencia de las drogas”.

En esta misma línea, la psicóloga Ángela Arenas apunta que lo realmente peligroso no es solo el tiempo que pasamos en Internet, sino cómo dejamos de hacer nuestra vida por estar conectados: «Dejamos de dormir e incluso de comer, evitamos pasar tiempo con familia y amigos, nos olvidamos de nuestras obligaciones del día a día, etc». Pero tranquilidad. Imagina por un instante un mundo sin wearables, sin tablets, ¡sin móviles! ¿Realmente sería el fin del mundo? Si lo pensamos fríamente, no es para tanto.

En cualquier caso, hay que distinguir claramente dos adicciones: a las pantallas y a internet. Es clave distinguir entre ser adicto a Internet que adicto en Internet. El primero es una adicción a la pantalla como tal, el segundo se refiere a personas con otras adicciones (ludopatía, sexo, compras…).

Por un lado la adicción a las pantallas, según los expertos, se puede solventar con un estricto control de horario, cultivar las relaciones personales offline, afrontando la soledad o la timidez, etc. «Es más un cambio de rutinas que otra cosa», comenta Arenas. Por su parte, el segundo tipo debe reconocer su problema y el paciente debe sentirse motivado a cambiar de hábitos con un tratamiento específico frente a la adicción.

Algunas enfermedades ya conocidas

revisar smatphone

Desde hace años se habla del síndrome FOMO, que son las siglas en inglés de fear of mising out, es decir, miedo a perderse algo de lo que está sucediendo en el mundo o en las redes sociales. La ansiedad es uno de los síntomas de sufrirlo.

También está la “nomofobia”, o es el miedo que tenemos cuando nos dejamos el móvil en alguna parte, o porque nos hemos quedado sin batería o estamos sin cobertura. Demuestra claramente que no sabemos desconectar.

También está el “Síndrome del doble clic” o “apnea del WhatsApp”, sufrido por aquellos que necesitan comprobar compulsivamente esta app en busca de mensajes. A veces comprueban con angustia que el destinatario ha recibido su mensaje, ha estado conectado y no le ha respondido. Algo parecido pasa con el “síndrome de la llamada” o “mensaje imaginario”.

Hay otros muchos, como la “depresión Facebook”, el “narcisismo digital” o el “síndrome Google” (consultando todos los síntomas de una posible enfermedad en el buscador). Y cada año van surgiendo nuevas, según crece también nuestra adicción tecnológica.

Pero la tecnología también es nuestra aliada

Conviene no ser catastrofistas con el uso de la tecnología. El avance de la tecnología en las últimas décadas también ha permitido que haya avanzado el mundo de la medicina con nuevos métodos y más novedosos. Desde gadgets para la lucha contra el cáncer, a aplicaciones para perder peso y tener hábitos más saludables o incluso gadgets para controlar la salud de nuestros mayores, por mencionar algunos.

Del mismo modo, conocer y controlar nuestros datos vitales como nuestra tensión arterial, índice de masa corporal, porcentaje graso o incluso nuestro peso corporal, son de gran importancia en el camino de la prevención de enfermedades y en la mejora de nuestra salud. Y gracias a los avances tecnológicos, todo esto está cada vez más cerca de los usuarios.

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