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Un mundo sin tecnología no tiene por qué ser el apocalipsis

01 Enero 2019 - Actualizado 29 Junio 2021

Desde que tener un teléfono móvil y un portátil se ha vuelto tan común como tener un carnet de identidad, vivimos las 24 horas del día rodeados de tecnología. Estemos en el trabajo, en el metro, en casa o hasta en la cima de una montaña, nuestro móvil y nuestro smartwatch no se pierden ni uno de nuestros momentos vitales.

Por supuesto, no se trata de ser alarmistas, ya que la tecnología ha hecho grandes cosas por nosotros. El problema no son los gadgets tecnológicos, sino el no saber hacer un uso responsable de los mismos, llegando a experimentar una dependencia de la tecnología.

Qué es la dependencia tecnológica

Tener dependencia tecnológica es precisamente eso, estar a todas horas pendiente del móvil, no poder pasar una noche en casa sin ver un capítulo de nuestra serie favorita o incluso negarse a viajar sin portátil pueden llegar a ser síntomas de un exceso de dependencia tecnológica.

Y es que una encuesta realizada por la organización sin ánimo de lucro, Center for Humane Technology, concluyó que el 27% de los adultos se consideraban adictos a la tecnología, mientras que en adolescentes esa cifra sobrepasa el 50%. Seguramente adicción sea una palabra demasiado fuerte para catalogar todos esos casos, pero conviene preguntarse el por qué tanta gente se identifica con ella.

Cuáles son las consecuencias de una dependencia tecnológica

Según el autor experto en tecnología, Nicholas Carr, depender en exceso de las máquinas comporta consecuencias en el desarrollo cognitivo de la persona.

Y es que dejar de hacer cálculos matemáticos porque ya tenemos ordenadores para eso, dejar de memorizar porque todo está registrado en internet o dejar de aprender a orientarse porque ya existe Google Maps también significa la pérdida de habilidades cerebrales simples.


Es cierto que olvidar esas habilidades simples nos puede dejar más espacio en el disco duro para prestar atención a otros aspectos, como el hecho de potenciar la creatividad, pero también puede provocar que nos volvamos más pasivos, dejando que los ordenadores acaben haciéndolo todo por nosotros.

Cómo sería el mundo sin tecnología

Sabemos que, como a nosotros, te encanta la tecnología. Pero imagina por un instante un mundo sin wearables, sin tablets, ¡sin móviles! ¿Realmente sería el fin del mundo? Para demostrarte que no, estas son solo algunas de las cosas que podríamos ahorrarnos en un mundo sin tecnología.

Medir la felicidad por el número de likes

Imagina no tener que preocuparte nunca más por cuántos likes tienes en Instagram. ¿Realmente es necesario saber a cuántas personas les ha gustado lo que hicimos el fin de semana? ¿A caso seremos más desgraciados por comer un platazo en el restaurante de moda sin subirlo en nuestros perfectos perfiles sociales?


Acuérdate de todos esos amigos y parejas que han tenido que hacer infinitas sesiones fotográficas en cualquier rincón mínimamente instagrameable. ¿A caso no se merecen ellos también disfrutar de los atardeceres? No hace falta que te digamos la respuesta, porque la sabes perfectamente.

Conocer todas las respuestas del Trivial

Quizá hayas buscado en alguna ocasión cuánto mide Barack Obama, o qué hace tan especiales a las moscas australianas. Y quizá eso te haya servido para ganar algún que otro quesito en una partida de Trivial con amigos pero, ¿se te ocurre alguna otra situación en la que puedas usar ese tipo de información?

La espectacular cantidad de conocimiento que hay a nuestro alcance con internet no nos ha hecho a todos más sabios, sino que más bien nos ha convertido en coleccionistas de curiosidades y anécdotas. Sí, podemos acceder a periódicos y artículos científicos de cientos de países, pero a la hora de la verdad la mayoría acabamos en la Wikipedia. Gracias a los Gigas Infinitos también hay miles de tutoriales online para ampliar nuestro conocimiento, pero resulta que el vídeo de YouTube más visto este año es el videoclip de Despacito (mira, otra pregunta de Trivial).


En una era en la que todo pasa a gran velocidad, aprender algo en profundidad ya no se lleva. Sí, podemos saber todas las respuestas del Trivial, pero en un programa con más nivel intelectual como Saber y Ganar no duraríamos ni dos asaltos.

Acumular gadgets y funcionalidades

Hoy en día es común tener un móvil o un smartwatch que cuente con lector de ritmo cardíaco. Y, aunque en la vida te hayas hecho un electrocardiograma, ahora que lo tienes te parece muy necesario estar al corriente de cada latido de tu corazón. Y ya que estamos, ¿por qué no pasarse una noche en vela configurando la monitorización del sueño?

Por supuesto, también nos conviene tener un móvil con más capacidad de almacenamiento para poder tener un archivo de fotos que ni la National Geographic. Y los partidos y las películas, si no son en 4k, no vale la pena ni verlos. *


*Nótese la fina ironía que hemos aplicado en todo el apartado.

Dramas del siglo XXI

Más de uno ha sentido alguna vez cómo el hecho de quedarse sin batería en el móvil le provocaba más ganas de llorar que el final de El Diario de Noah y, en esa situación, más de uno hubiera sido capaz de pagar un cargador y un enchufe a precio de oro.

También puedes haber sentido la misma sensación al estar frente a la consola y que se te vaya la luz, o cuando estás de viaje y te das cuentas de que no llevas portátil y la memoria de la cámara está llena.

Si te ha ocurrido alguna de estas situaciones, tranquilo. De verdad, no es para tanto. Antes la gente iba por la calle sin el móvil y no les pasaba nada, antes la gente viajaba y si no podía fotografiar una postal, la disfrutaba (o la compraba al día siguiente en un quiosco).

Entonces…. Reflexionemos sobre la dependencia tecnológica

Si los vídeos de gatitos y los memes de Facebook te han dejado reflexionar, aunque sea solo un poquito, sobre la dependencia tecnológica que nos afecta a todos en menor o mayor grado, nosotros nos damos por más que satisfechos.

Como hemos dicho al principio, no se trata de ser alarmistas ni volvernos contra las máquinas porque obviamente no son nuestras enemigas. Más bien, pensad en ellas como esas amigas con las que, a veces, hay que tomar cierta distancia para poder apreciar más los ratos que pasáis juntos. Esto nos ha quedado un poco fifi, ¿no?


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