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¿Sabes por qué le das a LIKE?

5 min

El 9 de febrero de 2009 Facebook añadió a sus publicaciones el botón “me gusta”, y cambió para siempre el modo en que nos relacionamos en Internet.


“He quitado fotos de mi cuenta de Instagram porque no ha llegado a un número mínimo de likes”, reconoce Mariam Díaz, que es una usuaria cualquiera de la red social. Ella, como otros muchos usuarios, admite que se obsesiona por los “me gusta” de sus publicaciones en redes sociales “porque es una señal inequívoca de que gusta lo que estás haciendo y subiendo”.

Pero ¿es así como muchos creen? ¿Qué hay detrás de los likes de algunos usuarios? Hay que hablar, en realidad, de reacciones online, a través de corazones, pulgares hacia arriba o comentarios, que se traducen en un “esto me gusta”, “tú me gustas”, “tienes razón en lo que afirmas” o “esto debería de verlo más gente porque interesa”. Es, por así decirlo, coger de la camiseta al algoritmo de la red social para que reaccione y lo priorice como contenido importante.

Ahí está la clave de la viralidad en redes sociales: que una información llegue al máximo número de usuarios en el menor tiempo posible, de unos a otros. Y también es una manera de enseñar a nuestra red social qué tipo de contenidos y de personas queremos ver/leer para que siga mostrando aquello que realmente interese al usuario.

¿Cuándo llegó el like a nuestra vida?

portada facebook

Hay que remontarse a 2009 para ver por primera vez ese botón que ha revolucionado el panorama digital y ha supuesto una manera nueva en la que nos relacionamos en Internet. Es, por así decirlo, la métrica del éxito que ha estado en la cabeza de todos (usuarios y marcas) para analizar las reacciones de las personas con las que interactúan. Facebook ha aprendido a enseñarnos lo que él considera que es de nuestro interés. Pero ¿qué piensa el usuario?

“No piensa en dar like a algo para que el algoritmo reaccione. Hay otros motivos detrás”, afirma Noa Gómez, experta en marketing digital. En todo caso, es cierto que “los likes, los comentarios y un mensaje compartido suponen un lenguaje en sí mismos”. Por lo tanto, reconoce Gómez, los “me gusta” no son inocentes.

No, no podemos dejar de pulsar los botones

¿Recuerdas cómo te obsesionaba pulsar todos los botones del ascensor cuando eras pequeño/a? Un comportamiento travieso que no deja de ser imitación de lo que hacemos digitalmente.

Verónica Alarcón, psicóloga experta en comportamiento juvenil, así lo establece: “Teníamos este comportamiento por el feedback que recibimos de estos botones que se encienden, dan una respuesta y generan la sensación de que hemos hecho algo, de que afectamos a la realidad. El botón “Me gusta” parte de la misma mecánica”.

Por tanto, hay dos planos de una situación: o eres de los que se expone a los likes o eres de los que participa de ellos. “Eres actor o público, o los dos a la vez”, asegura Gómez, experta en digital. Aunque también “hay una tercera vertiente que directamente los ignora, pero no es la mayoría”.

Los “me gusta” como sinónimo de reconocimiento social

facebook like

Desde la psicología nos advierten que estas reacciones tienen intención y significado. La psicóloga Alarcón asevera que los likes en redes sociales “pueden ir ligados a la necesidad humana de obtener una identidad y pertenecer al grupo”. Es, por así decirlo, la búsqueda de reconocimiento social, queremos construir una imagen pública que nos proporcione seguridad y, por qué no, recompensa traducida en más seguidores que reaccionan a mis publicaciones.

Eso sí, hay excepciones, pues no todo el mundo publica o comenta por estas mismas razones, sino que estas son posibilidades dentro del gran universo de casos que puede existir.

Por lo tanto “quiero demostrar que soy una persona informada que comparte noticias políticas” o “quiero que mis contactos sepan que soy feminista y que los comentarios que hago son propios de una persona con liderazgo”. O basta con tener nuestro minuto de gloria, en cuanto que existimos para los demás. O ninguno de los casos anteriores.

Si hablamos del aspecto biológico, los expertos coinciden en que “más likes inducen a la segregación de más dopamina, que es más placer para quien la recibe”, en definitiva. Por ello, los “me gusta” y el número de seguidores se han convertido en una medida de estatus social, siguiendo la dinámica del “tanto tienes, tanto vales”.

Somos medios de comunicación con patas

El reconocimiento también se traduce en aportar a la sociedad. La famosa creencia de que todo el mundo es periodista en potencia se ha ampliado con la llegada de las redes sociales. Hay muchos usuarios que quieren ser útiles y se convierten en “DJ de la información”, término acuñado por Matthew Lieberman, investigador en neurociencia.

Tenemos en mente al público y, por ello, lo que marcamos con un corazón o compartimos en ocasiones no se corresponde con lo que consumimos. Esto explica que no siempre los contenidos con más interacciones coincidan con los más leídos. Pero esto deriva en ocasiones en infoxicación: “Hay tanto que leer que cuesta distinguir lo bueno de lo menos bueno. O lo malo de lo más malo”, asevera Noa Gómez.

¿Y quienes nos hacen distinguir en esta dicotomía? Es evidente que los influencers tienen una labor fundamental, junto con los medios de comunicación y blogs más reconocidos. Todos ellos son la respuesta a la saturación de información, ayudando a discernir entre lo que es interesante de lo que no.

Pero, ¿estamos obsesionados por las métricas? De hecho, se están convirtiendo en una obsesión que “conviene hacérnoslo mirar”, asegura Gómez. Así, Instagram ya ha anunciado que está probando a ocultar el número de reacciones a las fotos “para que los seguidores se centren en lo que se comparte”.

Pero, ¿qué mueve realmente a las reacciones digitales?

La respuesta es clara: la emoción. Como afirma Gómez, en redes sociales no basta con emocionar en positivo o en negativo. Las emociones deben ser intensas, mejor euforia o ira que calma. Es esto lo que al final mueven los likes.

Durante la historia del ser humano, la empatía ha formado parte de nuestro día. Ahora existe una nueva versión, la empatía “digital”: podemos expresar emociones de solidaridad, de apoyo, de auxilio, etc. Y, evidentemente, esta empatía digital sin duda impacta en nuestra vida offline.

Un estudio publicado en Psychology Today mostró que pasar más tiempo usando las redes sociales y participar en chats de mensajería instantánea predijo una mayor capacidad de empatía digital, siendo un buen indicador para muchas personas de ser empáticos en el mundo físico.

Pero tengamos presente que probablemente haya un límite a esta avalancha de estímulos. Nos estamos adaptando al uso constante del móvil y a las descargas de dopamina que sentimos. Pero ¿empezaremos a tener otras razones por las que le damos a “me gusta”, una década después de que surgiera?

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