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Síntomas de estupidez según la ciencia y la tecnología

9 min

La estupidez ha sido objeto de estudio para la ciencia desde hace muchos años. A día de hoy, incluso se avanza en el desarrollo de una estupidez artificial. Descubre este concepto, que de estúpido no tiene nada.


La estupidez ha sido un quebradero de cabeza para la ciencia desde tiempos inmemoriales porque, precisamente, de estúpida no tiene nada. Es un complejo proceso que ha mantenido la atención de los estudiosos y que a día de hoy ocupa un nuevo ámbito: a la inteligencia artificial, hay que crearle una némesis, una estupidez artificial que, a decir de muchos, permita mantener el equilibrio de las cosas y ser, incluso, fiel a la reproducción de esa esencia humana que supuestamente viene a representar la grandiosidad de los robots del futuro. Porque como el ying y el yang, muchos expertos consideran que inteligentes -y estúpidos- en alguna medida somos todos.

Ahora bien, es posible que ante toda esta polémica tú todavía creas tener la capacidad de detectar los síntomas de la estupidez al momento, pero es posible que no estés en lo cierto. De hecho, es posible que todos estemos igualmente equivocados. Si bien, a decir supuestamente de Einstein, la estupidez humana es interminable, habría que aclarar una serie de factores que inciden, directamente, en su desarrollo. Por esta razón hemos decidido analizar cuáles son sus leyes fundamentales así, como la definición científica de este concepto que tanto apasiona.

La estupidez humana según la ciencia

Se entiende por estupidez aquel acto que va contra la razón o la lógica. El problema reside en que cualquiera puede hacer una estupidez de vez en cuando, porque es algo inherente al ser humano. Y es algo que, además, no define una condición permanente de "estúpido".

Es posible, por ejemplo, que pienses: «¿Y qué sucede con algunos animales, que no dejan de hacer estupideces?». Pues muy fácil: que ellos tienen un proceso cognitivo distinto al nuestro. Según la ciencia, nuestro cerebro tiene la capacidad de prever lo que puede suceder si metes un cuchillo en el tostador o si saltas a un lago helado. Si aun conociendo las consecuencias optas por seguir con tus planes, esta acción podría ser catalogada como estupidez. Pero claro, todo depende del contexto. Porque esta definición simplista y poco contrastada de lo estúpido no tiene en cuenta los factores que pueden en muchos casos modificar un proceso de pensamiento. Por ejemplo, alguien que tenga que elegir entre saltar a un lago helado o dejarse devorar por una jauría de lobos, quizá encuentre muy lógica la esperanza de nadar hasta la próxima orilla o piense que si salta al agua helada los lobos le darán por muerto y desistirán de darle caza. En este caso, elegir entre dos opciones terribles, el miedo y la fe pueden tener un peso determinante en la lógica que sigue el sujeto, dejando muy relegada la idea de buscar lo estúpido en sus acciones.

Si entramos en terrenos más filosóficos podríamos recordar al autor Carlo María Cipolla que no dudó, en su obra Allegre ma non tropo, en aclarar que los estúpidos son uno de los cuatro grupos de seres humanos existentes. Los otros tres son los malvados, los inteligentes y los desgraciados.

La ciencia tiene claro, en principio, que la estupidez solo se puede combatir con conocimiento científico. Entre otras cosas porque si pretendemos que la solución a este problema sea llevada a cabo por cualquiera sin una base contrastada, podríamos acabar volando todos por los aires. Más vale apostar por el conocimiento que por la destrucción, ¿no crees?

Estudios científicos y clasificación de los estúpidos

Una universidad húngara y otra estadounidense comenzaron un estudio conjunto para definir qué era una estupidez y para conocer si se podría hablar de diversos tipos de estúpidos. Su trabajo consistió en realizar una serie de encuestas para descubrir por qué se considera un acto como estúpido.

En un primer momento, detectaron que la mayoría de los encuestados siguieron la línea ya comentada. Se asociaba la estupidez a la poca inteligencia. Finalmente se elaboró una clasificación, tras haber mostrado a los participantes diversos vídeos de Internet en los que aparecían personas realizando estupideces. Curiosamente, el ver este tipo de contenido tiene un efecto catártico que hace a uno sentirse más inteligente que sus protagonistas.

Poco a poco, esta opinión cambió y juntando los aprendizajes de varios estudios se llegó a la conclusión de que existen los siguientes tipos de estupidez.

Exceso de confianza

En una situación de riesgo, es posible que te sientas como el Capitán América y que pienses que no va a pasarte nada. Se valora tu autoestima, pero mejor si evitas las consecuencias negativas.

Ausencia de control

Son personas que no pueden controlarse y que son casi adictos a hacer estupideces continuamente. Seguro que conoces a más de uno, y de dos, que encaja con este perfil.

Una capacidad innata para distraerse

Son los clásicos que se quedan mirando a una mosca que pase volando. Este tipo de estupidez es la más tolerada porque, no lo vamos a negar, a todos nos ha pasado más de una vez.

Falta de reflexión

En ocasiones, cometemos una estupidez porque no encontramos otra salida. Sería conveniente reflexionar sobre distintas vías de pensamiento y no anclarse a un único patrón cognitivo. Quizá, comentando lo que te pasa con otra persona puedas encontrar la solución más fácilmente.

Error en la organización de los pensamientos

Hay momentos en los que se piensa sin control, lo que lleva a cometer una estupidez. Si observas que la vas a cometer, deberías pararte a pensar y dejar pasar algo de tiempo antes de tomar la decisión final.

Estupidez recurrente

En este grupo, con perdón, entramos todos. Suele suceder cuando realizamos una labor mecánica sin fijarnos demasiado. Por ejemplo, ¿fallas siempre en la misma casilla de los formularios que rellenas en Internet? ¿Bajas la radio para aparcar?

Listos que actúan de forma estúpida voluntariamente

Lo hacen en momentos ocasionales para su propio beneficio. En nuestro país se le llama «hacerse el sueco». O, más claro aún, hacerse el tonto para evitar el tener que solucionar un problema.

Leyes fundamentales de la estupidez humana

Este es el título de otra obra de Cipolla, en la que analiza las cinco leyes que parecen cumplir todos los estúpidos. Las leyes universales de la estupidez humana se podrían resumir de la siguiente manera:

1. Pensar que no puede haber tanta gente estúpida

No puedes creerte que haya millones de estúpidos en el planeta, pero es así. Al darte cuenta de que el estúpido eres tú, por pensar que por el hecho de ser animales racionales no podemos ser en conjunto tan estúpidos, se produce una espiral de la que solo puedes salir cultivando tu inteligencia.

2. La estupidez forma parte del ser humano

Indica Cipolla que, al contrario de lo que ocurre con los animales, en cada grupo de humanos hay una elevada proporción de estúpidos. Esto no significa que esa persona no tenga otros valores, pero sí que puede terminar lastrando el desarrollo de los que le rodean.

3. El estúpido es dañino para la sociedad

El autor afirma que si el estúpido hace algo y las consecuencias solo las tiene que afrontar él, no hay problema. Lo malo llega cuando la estupidez afecta a toda la sociedad, e incluso a todo un país. Sin comentarios.

4. El estúpido no mide las consecuencias de sus actos

La persona malvada actúa de forma deliberada eligiendo lo que hace. El estúpido primero actúa y luego afronta las consecuencias. Subestimar la estupidez, una poderosa fuerza capaz de cambiar el curso de la historia, es algo que debería evitarse.

5. El estúpido es el individuo más peligroso

No sabes por dónde te va a salir, cómo va a reaccionar o qué será lo siguiente. Un estúpido es una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento. Ponte a salvo y evitarás problemas difíciles de resolver.

Otros expertos en estupidez

A las anteriores leyes deberíamos añadir la opinión de Ortega y Gasset sobre el tema. Su ley reconoce que la diferencia entre el inteligente y el estúpido es que el primero tiene la capacidad de no convertirse en el segundo reflexionando antes de llevar a cabo una acción. El segundo, sin embargo, conoce la existencia de la inteligencia, pero al actuar parece ser más rápido que ella y siempre logra escapar de su influencia.

Moreno Castillo también comenta, en su obra Breve tratado sobre la estupidez humana, una norma curiosa: «El estúpido está seguro de su actitud, el inteligente siempre tiene dudas». El autor reconoce que todos tenemos lo que se llama «una hora tonta», aunque hay algunos especímenes que ejercen su estupidez a tiempo completo y con unas ganas irrefrenables de seguir perfeccionando su actitud. No damos ningún ejemplo por la cuenta que nos trae.

El autor también comenta que la estupidez es el eje sobre el que ha girado la historia desde sus orígenes. No duda en afirmar que sus variantes (la hipocresía, la ambición o el fanatismo, entre otras) siguen provocando, a diario, estragos que terminarán pagando las generaciones futuras.

La inteligencia artificial... y la estupidez artificial

Aplicando las leyes anteriores a espacios públicos sería conveniente pensar en alguna solución para evitar males mayores. Aunque no te lo creas, sigue habiendo personas que se encienden un cigarro en una gasolinera, que cruzan un puente a medio inundar y que prefieren hacerse una fotografía en un acantilado un día de tormenta. La estupidez, muchas veces, es análoga a la imprudencia.

Para evitar accidentes de inciertas consecuencias, muchas empresas están comenzando a aplicar la inteligencia artificial a sus sistemas de seguridad. La aplicación de este tipo de sistemas a la vigilancia a las carreteras, por ejemplo, puede convertirse en una forma excelente de evitar accidentes y salvar vidas. Seguro que has visto en algún que otro informativo las clásicas imágenes de personas conduciendo mientras leen el periódico o envían un mensaje de texto. Si aparte de la multa se les conmina a parar el coche, mejor que mejor, ¿no crees?

El futuro de la estupidez

Umberto Eco afirma en su libro póstumo De la estupidez a la locura que en el siglo pasado a nadie le gustaba ser señalado como estúpido. Hoy en día ocurre todo lo contrario. El futuro de la estupidez es más que prometedor para los aficionados a poner a prueba su inconsciencia, pero no tanto para los que debemos sufrir este tipo de actitudes a diario en el trabajo, en casa o al mirar por la ventana de nuestra casa.

Aunque parezca una paradoja, la ciencia es la única que puede conseguir frenar la estupidez. No en vano, diversas redes sociales permiten que se censuren imágenes o vídeos en los que se hace apología de acciones poco lógicas. Convertirnos en censores permanentes tampoco es lo más recomendable, ni por asomo, y de allí que la invención de una estupidez artificial sea materia del día para la comunidad tecnológica que busca, entre otras cosas, añadir factores de estupidez a los robots y máquinas más avanzadas, con miras a mantener su nexo con lo humano mediante la falibilidad de cierto porcentaje de sus acciones.

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