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Aterriza en Londres la primera exposición de arte por un robot humanoide

5 min

Todas las obras han sido creadas por Ai-Da, un sistema de inteligencia artificial.


No es Van Gogh, ni Edvard Munch, ni Andy Warhol. La exposición que está ahora mismo en boca de todos es la de Ai-Da. ¿Y qué tiene de especial? Que Ai-Da es un robot capaz de realizar obras de arte y actuaciones en directo.

En los últimos dos años, uno de los campos de investigación que más ha evolucionado es el de la inteligencia artificial. Ya han invadido nuestros hogares, con productos como Alexa o Google Home, ya también forman parte de las empresas más punteras, como los robots recolectores creados por Martin Stoelen.

Y al igual que la industria del automóvil que trabaja por traer al mundo el coche del futuro o la de Internet que ofrece una conexión más rápida cada vez para nuestros smartphones y otros dispositivos, la robótica lleva diez años en continuo desarrollo creando robots que con los que hace un tiempo ni soñábamos. Son muchas las empresas que invierten y apuestan por la robótica y las nuevas generaciones se muestran muy interesadas en dominar el terreno especializándose y hasta participando en competiciones a nivel internacional.

Ai-Da aúna estos dos ámbitos, el de la robótica y el de la inteligencia artificial. Nació, por así decirlo, en la Universidad de Leeds, en Inglaterra. Allí, un grupo de científicos, liderados por Aidan Meller, desarrollaron este sistema de Inteligencia Artificial que ya se ha hecho famoso en todo el planeta.

Su cuerpo “robothespiano”, de aspecto humanoide, fue diseñado por una empresa británica de ingeniería llamad Engineered Arts. Como cualquier ser humano, Ai-Da tiene piel, dientes y encías, aunque hechos de materiales inorgánicos y fueron creados con impresoras 3D. También cuenta con cabello y cada pelo fue incrustado de manera individual. La mecánica de su cuerpo está expuesta, por lo que queda a la vista de todo el mundo, aunque a veces va vestida. Sus manos articuladas le permiten sujetar los pinceles y otros objetos y unas cámaras situadas en sus ojos hacen que pueda ver lo que tiene delante para pintarlo.

Su nombre nace a partir de la matemática victoriana Ada Lovelace, que destacó en su campo por desarrollar ya en el siglo XIX un estudio sobre las capacidades que tendrían los ordenadores, que aún estaban lejos de existir, más allá de hacer simples cálculos numéricos. Ada describió con detalle esa máquina analítica, diferenciando entre datos y procesamiento, y su trabajo Notas fue clave en la programación informática.

¿Pero qué es lo que llevó a Aidan Meller a apostar por este sorprendente proyecto? Según explicó él mismo, se paró a pensar en qué hacía especiales a los mejores artistas de la historia, como Salvador Dalí, Pablo Picasso, Wassily Kandinsky y otros muchos otros que consiguieron revolucionar el mundo del arte. "Sin excepción... cada uno de ellos estaba haciendo algo que estaba relacionado con el zeitgeist de su época". El zeitgeist es, literalmente, el espíritu del tiempo. Es una expresión alemana que se utiliza para englobar el clima intelectual y cultural de una época. Meller observó que en 2019, cuando estamos a punto de adentrarnos en una nueva década que tendrá sus propias características, la innovación más popular e interesante en el mundo es la inteligencia artificial.

La especialidad de Ai-Da son los retratos y puede hacerlos en menos de una hora. Pero este robot también ha trabajado en obras sobre animales y bodegones. Y lo más interesante: hace autorretratos.

Pero aún hay más. Porque Ai-Da ha sido programada de manera que también es capaz de realizar performance en directo. Su capacidad de hacer un retrato en tan solo 45 minutos y de interactuar con un público hacen que sus actuaciones sean de lo más interesantes. Tal y como han explicado, Ai-Da puede llevar a cabo una serie de rutinas preestablecidas que combinan el movimiento y el habla. También puede reproducir los movimientos y palabras que le dicte una persona a través de control remoto. Y el deseo de Aidan Meller es que llegue a ser por lo menos semiautónoma en sus performances y en sus interacciones con los espectadores.

El pasado mes de mayo se inauguró en Oxford su primera exposición dirigida, claro, por quien financió su creación, Aidan Meller. En ella, se incluyen dibujos de Ai-Da y pinturas generadas desde su propia percepción de los objetos y las escenas que ella misma ha podido observar.

Tanto sus creadores como algunos expertos del mundo de la pintura coinciden en afirmar que Ai-Da no es una simple máquina capaz de recopilar datos sobre artistas importantes y generar un cuadro basado en la información recogida, si no que puede considerarse que Ai-Da tiene un estilo propio, con sus propias características originales e impredecibles. "Aunque es un robot, me imagino que su artista favorita sería Yoko Ono por sus trabajos de vanguardia con un enfoque feminista", apuntaba Meller.

La importancia de Ai-Da es su creatividad, algo que fue vital en su creación, ya que Meller y su equipo se negaban a hacer simplemente una máquina que copiara o reprodujera a partir de estimulantes externos, sino que cada obra saliera de ella misma.

Pero a raíz del nacimiento de este robot ha irrumpido en el ámbito científico y en el artístico un debate vinculado inevitablemente al de la ética de la robótica. Y es que si lo que hace un robot es arte o no lo es, todavía no está muy claro. Tampoco si lo que debe hacer Ai-Da es colaborar con otros artistas o convertirse en un robot totalmente autónomo capaz de hacer sus propias creaciones.

En el estreno de su colección de arte, Ai-Da dio una conferencia de prensa en el Lady Margaret Hall College de la Universidad de Oxford para después dar el pistoletazo de salida a una exposición que contó con ocho diburos, 20 pinturs, cuatro esculturas de plástico, plata y bronce, dos obras de video y un homenaje a Cut Piece, la histórica performance de Yoko Ono en la que dejaba que el público le cortara trozos de ropa con el objetivo de poner de manifiesto la percepción del ser humano sobre el cuerpo femenino.

Sus obras son fruto de colaboraciones con otros artistas que han ido añadiendo sus propios algoritmos. Por eso, Aidan Meller ve a Ai-Da como una herramienta para que el arte experimente, evolucione y crezca.

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