El cine LGBT: un paseo por la historia de Hollywood
22 Enero 2026 16:00
El cine en Hollywood siempre ha sido un espejo para retratar el mundo, desde planos sociales hasta la más simple estética folclórica. Con el paso del tiempo, la forma de contar las historias ha cambiado, especialmente en el cine LGBT, y hoy lo recordamos con un paseo por joyas muy top.
Durante décadas, el colectivo ha tenido una representación borrosa, poco respetuosa o directamente nula. Personajes estereotipados, guiones cliché y estrellas que solo podían brillar... dentro del armario.
Cine LGBT: un paseo por la historia de Hollywood
Hollywood no siempre fue un lugar amable para la diversidad sexual, pero incluso en sus momentos más rígidos dejó escapar destellos queer entre fotogramas.Historias que hoy leemos con otros ojos y que explican cómo hemos llegado hasta aquí.
Esto es un recorrido por la historia del cine LGBT, sin cronologías rígidas ni lecciones académicas: solo películas, figuras icónicas y contextos que cambiaron el panorama para siempre.
Años 30 y 40: el subtexto como refugio
En el Hollywood clásico ser abiertamente LGBT era impensable. El Código Hays vigilaba la moral de la industria y cualquier referencia explícita a la homosexualidad estaba prohibida. Pero la revolución siempre encuentra su camino.
Películas como Queen Christina (1933), protagonizada por Greta Garbo, jugaron con la ambigüedad de género y el deseo entre mujeres de forma elegante y velada. Garbo se convirtió así en un icono queer por derecho propio.
También Marlene Dietrich desafió normas con su imagen, su expresión de género y sus miradas cargadas de intención. No era representación directa, pero sí una declaración estética que muchas personas supieron leer entre líneas.
El cine de esta época más que mostrar personajes LGBT mostraba códigos. Y esos códigos salvaron a toda una generación del silencio absoluto.
Años 50: estrellas brillantes, armarios herméticos
Los años cincuenta perfeccionaron el Star System y el ocultamiento. Actores como Rock Hudson eran vendidos como símbolos del romance heterosexual mientras sus vidas eran completamente distintas fuera del foco.
Películas como Rebelde sin causa (1955) introdujeron tensiones homoeróticas evidentes, aunque nunca explícitas. El cine empezaba a rozar el tema, pero sin atreverse a nombrarlo.
Esta década dejó una herida importante; talento LGBT obligado a esconderse para sobrevivir profesionalmente. Hollywood brillaba, pero lo hacía a costa de muchas identidades invisibles.
Años 60 y 70: romper el silencio
Con el declive del Código Hays y la llegada de movimientos sociales que cuestionaban las normas establecidas, el cine empezó a hablar más claro sobre la diversidad sexual.
No siempre lo hizo con respeto ni con sensibilidad, pero al menos comenzó a nombrar lo que antes se ocultaba. Los chicos de la banda(1970) marcó un hito. Fue uno de los primeros filmes en presentar personajes homosexuales demanera directa, sin disfraces ni metáforas.
En paralelo, el cine undergroundy experimental abrazó la identidadqueer sin pedir permiso. John Waters, Andy Warhol y Divine convirtieron la provocación en bandera, creando obras que desafiaban la moral dominante y celebraban lo excéntrico, lo marginal y lo irreverente.
No era cine para todos, pero sí cine necesario. Entre la incomodidad y la transgresión, se sembraron las semillas de una visibilidad que, aunque imperfecta, cambiaría para siempre la historia del cine.
Años 80: visibilidad en tiempos difíciles
Los ochenta fueron una década de contrastes para el cine LGBT. Por un lado se abrió una puerta hacia una representación más sincera y visible; por otro, la irrupción del sida transformó radicalmente la narrativa y la percepción social.
La epidemia marcó la vida de millones, además del imaginario cinematográfico: el cine pasó de la invisibilidad a reflejar el duelo colectivo, la urgencia y la vulnerabilidad de una comunidad golpeada por el estigma.
Películas como Miradas en la despedida (1986) y Compañeros inseparables (1989) se alejaron del sensacionalismo mediático para mostrar la enfermedad desde la intimidad, la amistad y el amor, humanizando una tragedia que la prensa trataba con morbo y miedo.
Estas obras se convirtieron en testimonios de resistencia y empatía, ofreciendo un espacio para el reconocimiento y la memoria.
Mientras tanto, el cine comercial empezaba a incluir personajes LGBT, aunque casi siempre relegados a roles secundarios y estereotipados. No era una victoria completa, pero sí un paso adelante.
La presencia, aunque imperfecta, comenzaba a normalizarse en la pantalla grande. En medio de la crisis y la discriminación, el cine se convirtió en un refugio y en una herramienta para visibilizar realidades que la sociedad prefería ignorar.
Años 90: el cine queer toma la palabra
Aquí todo cambia. El llamado New Queer Cinema pone a personas LGBT detrás y delante de la cámara, rompiendo con las narrativas complacientes y apostando por historias propias.
Paris Is Burning (1990) documenta la cultura ballroom de Nueva York y da voz a comunidades trans y racializadas, mostrando un universo vibrante y resiliente.
Mi Idaho Privado (1991) convierte el deseo masculino en poesía visual, mientras Philadelphia (1993) lleva la historia de un hombre gay con VIH al gran público, abriendo debates sobre derechos y dignidad.
Por primera vez las historias no tienen que pedir permiso para existir, ni contarse de manera miserable. Se cuentan desde dentro, con orgullo y sin concesiones. Fue el inicio de una nueva era donde el cine queer dejó de ser marginal para convertirse en un movimiento cultural con identidad propia.
Años 2000: del drama al reconocimiento
El nuevo milenio trae algo impensable décadas antes: premios, taquilla y prestigio. Las historias LGBT ya no son aisladas; empiezan a ocupar el centro del escenario y a ser reconocidas por la crítica y el público.
Brokeback Mountain (2005) demuestra que una historia de amor entre dos hombres puede emocionar a todo el mundo y convertirse en fenómeno cultural.
Mi nombre es Harvey Milk (2008) recupera la memoria histórica del activismo LGBT, mientras que Boys Don’t Cry (1999) se basa en la historia real de Brandon Teena e introduce la identidad trans en el cine mainstream, anticipando conversaciones que marcarían la década.
La representación sigue siendo imperfecta, pero el cambio es evidente, las narrativas queer ya no se esconden, se celebran. El cine LGBT pasa de la resistencia a la visibilidad, y de la visibilidad al reconocimiento.
Años 2010 y actualidad: diversidad real
En los últimos años, el cine LGBT se ha diversificado de verdad. Ya no hay una sola historia, ni un solo tono.
Moonlight (2016) habla de identidad, masculinidad y deseo desde una mirada íntima y racializada; Call Me by Your Name (2017) convierte el primer amor en un fenómeno cultural; Retrato de una mujer en llamas (2019) reescribe el romance desde una mirada femenina yqueer.
Además, crecen las historias trans contadas por personas trans, y las narrativas dejan de girar únicamente en torno al sufrimiento.
Camino a la evolución
La historia del cine LGBT en Hollywood es una historia deresistencia. De silencios convertidos en miradas, de códigos transformados en palabras, de armarios que poco a poco se quedaron pequeños.
Hoy la diversidad ya no se esconde en el subtexto:ocupa la pantalla, los premios y la conversación cultural. Y aunque queda camino por recorrer, mirar atrás sirve para entender por qué cada representación importa.
El cine no es solo entretenimiento: también legitima, acompaña y deja huella... y contar bien una historia también pasa por acercarse a un público sumamente diverso. ¿Cuál crees que ha sido la película queer más influyente?🎬🏳️🌈